La palabra teatro proviene del término griego “Teatricon”, destinado a nombrar los graderíos del edificio donde se representa este género. El teatro tiene una base literaria, un guion o argumento escrito por un escritor y que requiere de una puesta en acción. Se lo define como el arte de componer o representar obras dramáticas y está inmerso en todas las culturas.

Sobre el teatro prehispánico en el Ecuador, la información que se tiene se la debe a la Crónica del Inca Garcilazo, en sus “Comentario Reales”… información que proviene de los indígenas del callejón interandino.

Garcilazo, dice que estas representaciones se las realizaba en un espacio abierto como en el campo, una explanada o una plaza. Los Incas tenían fortalezas y santuarios, mas no ciudades. Los actores, por lo general, eran las mismas personas que previamente habían ejecutado las acciones. En lo referente al texto que se seguía para la representación, este se basaba en una composición oral debido a que no existía la escritura.

Para Garcilazo en este teatro había intenciones épicas y religiosas, su carácter era intimista, es decir, intervenían la emotividad y la efectividad. Algunas de estas representaciones existen, pero al haber salido de su contexto cultural están fragmentadas.

Sin embargo los indígenas lograron adaptar la fecha de presentación de sus obras al calendario católico de tal modo que no sea prohibido por los españoles.

Se podría decir que el teatro atravesó dos grandes momentos en la historia del Ecuador: el periodo colonial y el decimonónico.

-Durante la época colonial se desarrollaron tres formas teatrales: la religiosa, la popular o de la plaza pública y la culta o escrita. Y a la vez, surgió un teatro indígena cuya característica fue resaltar la figura de los incas.

En el tiempo de la Colonia se da el teatro religioso-misionero, porque para los españoles el teatro tuvo muchos elementos de información y subversión por este motivo se lo prohibió.

Las primeras manifestaciones teatrales se dieron en la evangelización de los indígenas como el paso que se da en Navidad y Semana Santa.

El teatro popular acompaño a las fiestas y se representó en los mercados de las ciudades que surgieron en la Real Audiencia de Quito, un tipo de teatro de comedia, humorístico, crítico e irónico.

El teatro culto no alcanzo un gran desarrollo, pero el teatro quiteño colonial, popular y culto fue cuestionado por la iglesia porque vio en él una forma de atentado a la moral cristiana, mientras que las autoridades de la Audiencia lo prohibieron porque se decía que incitaba a rebeliones.

-El teatro decimonónico se da en el siglo XIX, tras la independencia del dominio español aparece el teatro vinculado al proyecto de construcción nacional que surgió a partir da la Independencia, y luego el teatro se da en relación con hechos históricos vinculados a ese proceso.

En el teatro ecuatoriano del siglo XIX se construyeron grandes salas para la representación de espectáculos teatrales, como el Teatro Olmedo de Guayaquil y el Teatro Sucre en Quito.

En esta época Juan León mera fue un gestor y promotor de las ideas modernizadoras y al mismo tiempo un importante difusor del teatro.

Desde la segunda mitad del siglo XIX el escritor Juan León Mera así como Juan Montalvo, preocupados por la conducción del Estado, desarrollaron la idea de sacar a la sociedad ecuatoriana del retraso cultural y civilizarlos, y pensaron que el teatro podría ser un recurso idóneo para llevar adelante dicho objetivo.

Luego del proyecto de modernizar a la población se empieza a incrementar la contratación de compañías extranjeras y se impulsó aunque de forma indirecta la escritura de obras, y se emprende a dar un gran desarrollo cultural.

Una de las obras que fundó una tendencia dentro del teatro ecuatoriano y marco todo este periodo es “Receta para viajar”.

El teatro ecuatoriano goza de buena salud. Hay estímulos que propician producciones de buen nivel. Así lo dice el director Nixon García, quien lidera el Festival Internacional de Teatro de Manta, que se efectúa al momento a la par que el Festival Internacional de Artes Escénicas Guayaquil (Fiartes-G) y el Festival Spondylus de las Artes de Quito, dentro de la Red de Festivales creada hace nueve años.

Y el actor y director argentino Arístides Vargas, residente en Quito desde hace tres décadas y director del grupo Malayerba, coincide con García. “En los últimos años el teatro ha tenido un desarrollo bastante sostenido, que ya hace hablar de una identidad teatral acentuada que nos hace ser reconocidos en el país y fuera de él”, afirma.

El responsable de la cita en Manta agrega que el aporte económico en los últimos tres años del Ministerio de Cultura ha posibilitado “un empuje para la creación, divulgación, promoción, gestión y organización de actividades”.

A cada uno de los encuentros de la Red de Festivales, el Gobierno le asignó 50.000 dólares como parte del Sistema Nacional de Festivales. Sin embargo, de manera individual buscan auspicios para completar su presupuesto, que bordea los 100.000 dólares.

Por ejemplo, con el festival mantense colaboran económicamente la Universidad Eloy Alfaro de Manabí (Uleam), el Municipio de Manta, las embajadas de España e Israel.

Al movimiento teatral que se genera en septiembre se une la decimotercera edición del Festival Internacional de Teatro Experimental (FITE Q/G), que organiza la actriz Rossana Iturralde. Ella reconoce que esta rama artística “tiene una fuerza inmensa” en el país. Pero, añade, “no se puede hablar de un grupo ecuatoriano que tenga visibilidad en el teatro internacional. Hay buenas propuestas pero necesitan recorrer más caminos, que la gente las conozca”.

Anota que en el presupuesto del festival que ella organiza, a más de la ayuda financiera del Ministerio de Cultura, constan las inversiones de los municipios de Quito y Guayaquil y del Consejo Provincial del Guayas. Afirma que su cita cuesta cerca de 500.000 dólares.

Édison Díaz, coordinador del Festival Spondylus de las Artes de Quito, sostiene que es coincidencia que este mes haya sido escogido para realizar todos los encuentros. En su caso, la cita quiteña surgió en septiembre porque “se quería que coincidiese con la celebración del equinoccio que es este mes”.

Para García, es apropiado que esa coincidencia haya derivado en la creación de la Red de Festivales, porque “permite que los grupos aprovechen al máximo realizar la mayor cantidad posible de funciones tanto en las ciudades de donde surgen los encuentros como en las subsedes (otras pequeñas ciudades)”.

Díaz indica que presentar propuestas ya estrenadas es favorable, porque hay sugerencias de otras personas sobre su calidad. En el festival guayaquileño, dos de las obras nacionales que se presentan ya han recorrido esta ciudad y Quito. Se trata de La ilustre desconocida, un unipersonal de Itzel Cuevas que presenta Plan B; y Soliloquio épico coral, de Arawa. En estas dos piezas teatrales participa Aníbal Páez como asistente técnico de la primera y actor y director de la segunda.

Comenta que Manta las acoge por primera vez y el que ambos montajes hayan tenido otras presentaciones es provechoso para él. “En Ecuador no hay procesos sostenidos de temporadas. Es un proceso en construcción. Por ejemplo, con Soliloquio hemos tenido al menos 20 funciones y en cada una hay algo por pulir. Los festivales abren las puertas a seguir perfeccionando el teatro, quisiéramos cumplir unas 200 funciones con esta propuesta”, destaca.

Arístides Vargas es uno de los dramaturgos cuyas obras son bastante representadas. Y en esta Red de Festivales tres de sus piezas estarán en escena: La república análoga, El cuco de los sueños y Tres viejos mares. La primera la escenificarán actores argentinos, bolivianos, colombianos y ecuatorianos; la segunda estará a cargo del grupo mantense La Trinchera (de Nixon García); y la última será representada por artistas de Guatemala, Honduras y El Salvador.

Vargas asegura que para él no es nuevo que diversas obras suyas estén en escena al mismo tiempo. “En el Festival de Teatro de Bogotá 2009 hubo cerca de diez obras mías representándose y creo que lo que provoca que los grupos alisten textos míos es porque no escribo a partir de una localización. Escribo un teatro sin territorio, en ese sentido mucha gente hace propios mis trabajos”, añade.

Este año las actividades del festival guayaquileño son gratuitas. Jorge Parra, organizador del Fiartes-G, dice que “es una estrategia para que el público se enganche al teatro”.

Itzel Cuevas, actriz de La ilustre desconocida, explica que hay público para el teatro, pero es necesario que los grupos “muevan la montaña, aunque sea con cucharita”, para lograr más adeptos. García indica que en cada edición de la cita en Manta se procura conseguir más audiencia. “A través de funciones al aire libre o en sectores populares, que son gratuitas, buscamos que más público se vincule con las artes escénicas”, asevera.

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